Sobre el Amor

“Un alma vieja” dice que soy.

A Lore la conocí en la escuela de mis hijos y no creo que se haya dado cuenta de lo que su amistad ha hecho por mi. Gracias a ella conocí a Grecia y cambió mi forma de ver el Amor.

Cuando escuchamos Amor, nos vamos al sentimiento apasionado, irracional, de mariposas en las tripas y escenarios platónicos; nuestra primera imagen mental es roja, tal vez corazones y fuegos artificiales o la cara de esa persona que nos vuela la cabeza… al menos eso hacía yo antes de dos eventos importantísimos en mi vida:

  1. Tener hijos
  2. Trabajar como voluntaria en el Teletón

Mi hijos me han enseñado a amar como nunca imaginé, incondicionalmente. Con ellos no importan los: “hoy no te quiero mamá”, “vete”, “guácala esta comida”, “prefiero jugar con papá”, “mala”, y tantas cosas que los niños dicen cuando están enojados, siempre SIEMPRE volveré a sentarme a comer hamburguesas de masita y a meter goles en esa pequeña portería del patio.

Por otro lado está Grecia, ella y otras almas maravillosas que me han enseñado que el amor no necesita palabras, que las miradas profundas dicen todo, que la palabra “abrazar” está mal escrita porque no necesitas los brazos para dar todo el calor del corazón a otra persona que necesita sentirlo, que la emoción de correr hacia alguien no necesariamente es con los pies, a veces se llega más rápido a los demás gracias a una súper silla de ruedas.

Grecia me ha enseñado que el amor despeina, que los besos también se dan con los dientes y que una cuerda de plástico puede ser un tesoro incomparable porque da la seguridad necesaria para levantarse y seguir adelante; de Grecia entendí que el amor incondicional no es exclusivo de padres a hijos, me mostró que hay conexiones que van más allá de las manos, de las piernas, de las palabras y de la voz porque sin decir nada, le entiendo cuando quiere algo, cuando está triste, cuando se siente mal.

Nuestro grupo en el CRIT es espectacular, cada lunes toman sus pinceles y con acrílico y tinta china demuestran que las obras de arte son ellos, que el talento no tiene edad, ni sexo, ni condición física.

Entré a dar clases de arte a “personas con discapacidad” y me di cuenta que la persona discapacitada era yo, no tenía ningún otro sentido desarrollado además de los 5 con los que nací y ellos me regalaron la capacidad de amar de manera diferente.

Queda poco de este bloque de clases y tendré que despedirme de este grupo maravilloso:

De Emiliano que va en secundaria, está enamorado de su vecina y cada lunes termina la clase con una carta para ella pero le da pena y nunca se atreve a entregársela, estoy segura que ella también se enamoraría de él; gracias a Emi tengo una lista en Spotify de “Maluma”.

Angie, la de la sonrisa eterna, con los labios pintados de rosa y su bolsa llena de ilusiones, todos los lunes llega muy coqueta y nos regala los mejores cuadros, me atrevo a decir que tiene futuro en las artes plásticas, siempre hace trabajos excepcionales.

José Arturo, la primera vez que quería decirme algo confieso que yo no entendía y me sentía mal por no poder ayudarlo con lo que me pedía pero después de algunas clases empecé a entender todo lo que quería decirme; es alegre, juguetón, da unos abrazos rompe-costillas inigualables y siempre está preocupado por lo que sus compañeros hacen, le encanta ayudarlos, es un niño súper héroe con mucha fuerza y entusiasmo.

Maxi casi no habla y cuando lo conocí usaba silla de ruedas, un buen día entró a la clase caminando y se despidió con un fuerte y potente “Adiós” acompañado de una sonrisa inolvidable, a él le basta una canción para ser feliz, ojalá todos pensáramos igual.

Ailton, con una mano es un máster de los videojuegos, sabe de todo y es un guerrero, todos quieren estar con él, podría decir que es el más popular de la clase, le encanta platicar, echar relajo y junto con Emi hacen un dúo imparable.

Y qué decir de Dayan, guapa y talentosa, ella guarda solamente un recuerdo durante todo el día y lo repite constantemente para hacernos ver que siempre hay que quedarnos con el recuerdo más bonito que tenemos; está enamorada de “Memo”, tiene mucho arte, combina, usa materiales y técnicas diferentes y siempre está dispuesta a trabajar con cosas nuevas.

Por último Layla, “Plus Ultra” como firma sus obras, no tengo palabras, entró en silla de ruedas, salió caminando. Podría dar la clase mucho mejor que cualquier maestra, no miento cuando digo que debería exponer su trabajo y probablemente en un futuro vivir de eso, es una artista innata y siempre da más.

Sólo me resta compartirles con mucho orgullo las imágenes que aparecen en mi mente cuando alguien me pregunta qué pienso del Amor:

Nos leemos pronto.

Caos Rosa

 

 

 

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